Gran perfomance del conjunto de Ferro.

Se despertó

Masía sublime frente a Chasca.

La diferencia estuvo en cómo se encontraron unos con otros. Chascarrillo tenía nombres para imaginar un partido parejo, pero La Masía llevó a la cancha una conexión que convirtió sus ataques en una amenaza constante. Los celestes fueron enlazando pases, movimientos y definiciones hasta darle forma a una victoria enorme, con un delantero en una de esas tardes que después se siguen contando cuando ya se apagaron las luces del verde césped.

Porque la formación de Chasca invitaba a ilusionarse: Huertas, Bidi, Irigoyen, Genovese, Sosa, Reyes. Jugadores de buen pie, capaces de inventar una salida, encontrar un compañero o resolver una pelota complicada. Había material para disputar el encuentro. Pero enfrente apareció un equipo que viene articulando cada vez mejor sus piezas, y esa sintonía terminó pesando muchísimo. La Masía de Lucho Ferro tuvo claridad para abastecer a sus atacantes y, arriba, una sociedad que parece estar aprendiendo a reconocerse antes de que salga el pase.

Thomas Becerra y Pedro Valenzuela. Tomi y Pedro. El nueve y el setenta y siete. Una dupla que está encontrando el gusto de jugar junta y que le cambia las posibilidades al equipo. Becerra aportó dos asistencias para una cosecha extraordinaria de su compañero, y en esas entregas hubo algo más que generosidad: hubo lectura. Cerca del área, atraer la salida del arquero o comprometer una marca puede abrirle a otro el espacio que uno ya no tiene. Tomi supo encontrar a Pedro, y Pedro estuvo donde la jugada necesitaba una definición. El ataque celeste consiguió hacer correr a la defensa hacia su propio arco, obligándola a elegir mientras la pelota seguía viajando.

Benzema lo explicó alguna vez al hablar del oficio: “Un delantero centro moderno tiene que tener pase, movimiento, goles y asistencias”. La actuación de Becerra tuvo mucho de esa idea. El nueve ayudó a que otro llegara mejor, participó de la elaboración y encontró el pase que dejaba la ocasión servida. Para un equipo, tener esa disposición adelante vale una fortuna. Y más todavía cuando el socio atraviesa un estado de inspiración como el de Valenzuela.

Ocho goles. Ocho pepas de Pedro en una misma tarde. Una cifra que cuesta pronunciar sin volver a mirarla, porque detrás de semejante cantidad hay que llegar muchas veces, mantenerse atento, insistir y seguir eligiendo bien. El setenta y siete tuvo compañía para construir sus oportunidades, pero después hizo pesar su resolución. Cerca del arco encontró pelotas para terminar; cuando hubo espacio para avanzar, también fue a buscarlo. Chasca debía atender al poseedor, seguir los movimientos de los celestes y, al mismo tiempo, no perder a un hombre que cada vez parecía estar más cerca del próximo grito.

Mati Acosta también lo asistió. La veintidós puso su parte en esa alimentación del ataque, mientras Facundo Biragnet, con la veintiséis, aportó buenos pases filtrados. Ahí La Masía encontró un recurso valioso: hacer llegar la pelota por detrás de una marca, al espacio que el compañero estaba atacando. En fútbol seis no hace falta un recorrido larguísimo para romper una línea. Un pase con la fuerza justa puede dejar al receptor de frente y obligar a todos los demás a darse vuelta. Los celestes consiguieron esas ventajas y las aprovecharon con una frecuencia que fue haciendo muy difícil la respuesta de Chascarrillo.

Después Pedro se permitió dejar dos firmas de las que quedan dando vueltas en la memoria: una rabona y una pinchadita de lejos para culminar su producción en el segundo tiempo. Qué manera de cerrar una tarde. La rabona, con esa coordinación tan particular de cruzar la pierna para golpear; la pelota picada, con la sensibilidad de levantarla y darle una caída que complique al arquero. Dos soluciones distintas para un jugador al que el arco le estaba devolviendo todo. Hay domingos en los que el delantero siente que puede intentar algo más, y esta vez Valenzuela encontró ejecución para acompañar esa confianza. Ocho goles, y entre ellos esos detalles que hacen que el compañero vuelva a preguntarte después cómo se te ocurrió.

La Masía tuvo también a Lucas Machado, firme por izquierda y con su pepa. Llegó con el asado recién comido y todavía le quedó lugar para un gol. Una de esas pequeñas historias del amateur que conviven con una actuación seria: el almuerzo, la camiseta, los amigos y, cuando empieza el partido, la responsabilidad de ocupar bien el sector y aportar al equipo. Machado lo hizo dentro de un conjunto que encontró distintas formas de acompañar la tarde descomunal de Pedro.

Chasca tuvo respuestas que merecen conservar su lugar en el relato. Sosa, el Enano Maldito, generó una acción de la que salió el rebote que aprovechó Kevin Irigoyen. El diez también puso un remate que dio origen al gol de Lautaro Reyes, atento para terminar lo que había quedado vivo cerca del arco. Esas llegadas mostraron parte del fútbol que prometían los nombres. Hubo capacidad para generar peligro y hombres preparados para seguir la jugada. Lo que faltó fue conseguir una continuidad que permitiera discutir el desarrollo mientras La Masía seguía sumando.

Y Francisco Sigot sacó varias. El arquero de Chascarrillo tuvo intervenciones ante llegadas muy cercanas, salió a achicar y se jugó abajo cuando los celestes encontraban posición de remate. Le tocó una tarde durísima, con ataques que lo obligaban a resolver y enseguida volver a estar pendiente de otra pelota. El diez a tres no puede llevarse puesto ese esfuerzo. Sigot evitó más goles en un encuentro donde el rival tuvo una producción ofensiva extraordinaria; sus respuestas también forman parte de lo que pasó.

La Masía se llevó una victoria contundente, sostenida por un ataque que está encontrando entendimiento y coronada por los ocho goles de Valenzuela. Chascarrillo quedó lejos, aunque tuvo acciones propias, goles trabajados desde la insistencia y un arquero que siguió dando pelea. El buen pie está; ahora necesita encontrarse con mayor frecuencia para que esos nombres puedan reconocerse dentro de una misma idea.

A Pedro le quedará una tarde para guardar. A sus compañeros, la satisfacción de haber participado en ella: el pase de Tomi, la asistencia de Mati, las pelotas de Biragnet, el aporte de Machado. Porque una actuación así también vive en los que estuvieron alrededor y ayudaron a hacerla posible. Y a Chasca le queda volver, juntar lo que salió bien y buscar una respuesta entre los suyos. Hay domingos que te regalan ocho gritos y otros que te piden fuerza para levantar la cabeza. En este fútbol compartimos los dos.

Chascarrillo

La Masía

3

10

Nro Jugador Goles Pts Nro Jugador Goles Pts
1 Sigot, Francisco 6,5 1 Vetti, Mauricio 7,0
8 Genovese, Matías 6,0 8 Chávez, Matías 7,0
9 Reyes, Lautaro 1 6,5 9 Becerra, Thomas 1 8,0
10 Irigoyen, Kevin 1 7,0 11 Chibelli, Nicolás 7,0
11 Huertas, Rodrigo 6,5 22 Acosta, Matías 7,5
21 Bidigaray, Lautaro 6,0 26 Biragnet, Facundo 8,0
30 Sosa, Sebastián 1 7,0 77 Valenzuela, Pedro 8 10,0
33 Alles, Uriel 6,0 88 Machado, Lucas 1 7,5
44 di Filippo, Dante 6,0
PROMEDIO: 6,39 PROMEDIO: 7,75
PARTIDO: Rápido ÁRBITRO: Ezequiel
AMONESTADOS:

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Cara a cara

Chascarrillo Chascarrillo
0 Victorias
1 Empates: 0
1 Victorias
La Masía La Masía

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Primera B - Fecha 8 - 04/10/2026
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La Pandilla 0 - 4 Richerdi FC