Y la pelota, como siempre, ya volvió a hablar.

El Clausura recién empieza

Álamos venció a San Marino.

Se terminó la espera, se terminó la Copa, quedaron atrás los festejos, las finales, las vueltas olímpicas y todo lo que dejó el Apertura, y el fútbol volvió a poner la pelota en el medio para decirnos que acá no hay tiempo para mirar demasiado hacia atrás. Arrancó el Clausura y, como si el calendario tuviera memoria, el primer capítulo puso frente a frente a dos equipos que vienen de caminos bien diferentes pero que llegan con algo en común: ganas de volver a empezar.

Los Álamos, dos veces subcampeón en los últimos dos torneos, ese equipo que todavía tiene pendiente la foto de campeón pero que hace rato dejó de ser una sorpresa para convertirse en una realidad, se encontró con San Marino, que vuelve a la máxima categoría después de su paso por la B y que trae buena parte de aquella estructura de la vieja Parroquia, ahora bajo el nombre y la conducción de Valen Anfuso.

El partido empezó casi como una declaración de principios. Los Álamos volvió a ser Los Álamos. Pelota al piso, paciencia, circulación, arquero metido en la construcción y una idea que no negocia demasiado con el rival: tocar, tocar y tocar hasta encontrar el hueco. Porque hay equipos que esperan que el partido les entregue una oportunidad y hay otros que directamente se ponen a fabricarla. Los Álamos pertenece a estos últimos.

San Marino, en cambio, entendió desde el arranque que no podía regalar espacios y decidió esperar, replegarse, cerrar caminos, achicar hacia atrás y aguardar el error. El planteo, en los papeles, tenía lógica. El problema es que defender no es solamente meterse atrás. Hay que saltar sobre el pase, hay que anticipar, hay que cortar la circulación, hay que incomodar al que tiene la pelota. Y eso no apareció.

Entonces Los Álamos empezó a mover la pelota con esa tranquilidad que a veces desespera al que corre detrás. El arquero participando, los jugadores ofreciéndose, pases cortos, apoyos, movimientos constantes y, cuando San Marino quiso darse cuenta, la pelota ya estaba adentro. Incluso hubo una particularidad que terminó siendo decisiva: varios de esos goles llegaron después de pases hacia adentro del propio campo de San Marino, jugadas en las que Los Álamos logró entrar hasta el área rival y quedó prácticamente de cara al arco. En el Fútbol 6, donde los espacios aparecen y desaparecen en un segundo, dejar jugar de esa manera es darle al rival justamente lo que necesita.

Y Los Álamos no perdona cuando puede construir desde la asociación. Así llegó rápidamente una ventaja de 3 goles, demasiado grande para un San Marino que durante buena parte de ese primer tiempo pareció mirar el partido desde lejos, casi caminando, mientras del otro lado la pelota viajaba de pie en pie. El fútbol tiene esas cosas: a veces un equipo no necesita correr más, necesita hacer correr la pelota. Y Los Álamos consiguió eso.

La diferencia no estaba solamente en el marcador. Estaba en la manera de jugar, en la sensación de que uno sabía exactamente qué quería hacer y el otro todavía estaba tratando de encontrar cómo impedirlo. Pero claro, un partido de fútbol nunca se termina cuando uno cree que se terminó. Y San Marino, que podía haberse quedado mirando cómo se escapaba la tarde, decidió volver a meterse en la historia.

En el complemento apareció otra actitud, otra velocidad, otra decisión. Aceleró, empezó a disputar más arriba, encontró espacios y de repente aquel 4-1 que parecía una sentencia empezó a achicarse. 4-2. 4-3. Y ahí apareció otra enseñanza de este partido, porque cuando un equipo que está tres goles abajo consigue ponerse a uno, ya no importa demasiado cómo empezó la historia: el partido vuelve a estar vivo.

San Marino demostró que tenía con qué, que había jugadores, experiencia y fútbol para competirle a Los Álamos. Lo que quedó como deuda, quizás, fue la pregunta inevitable: qué habría pasado si esa intensidad aparecía antes. Porque cuando San Marino aceleró, el partido cambió. Y eso también es fútbol. No siempre alcanza con tener un buen planteo. Hay que ejecutarlo. Hay que creerlo. Hay que jugarlo. Y cuando el partido entró en esa zona donde cualquier pelota podía cambiarlo todo, apareció la experiencia. Los Álamos no necesitó volver a ser el equipo brillante de los primeros minutos. Necesitó ser inteligente. Entendió que el partido ya no se ganaba tocando por tocar, sino sabiendo cuándo acelerar, cuándo bajar el ritmo, cuándo guardar la pelota y cuándo jugar lejos del peligro.

Ahí apareció la jerarquía para cerrar el partido y terminó llegando el 5-3, ese gol que ya no fue solamente un gol: fue el candado de una historia que San Marino había logrado abrir de nuevo. Y Los Álamos volvió a ganar. Otra vez. Sin traicionarse. Eso, quizás, sea lo más importante de este equipo. Porque los títulos pueden tardar, pueden no llegar, pueden escaparse en una final, pueden quedar a centímetros de una vuelta olímpica. El estilo es otra cosa. El estilo no depende de una copa. Se construye domingo tras domingo, cuando el equipo sale a jugar de la misma manera aunque enfrente tenga al campeón, al último, al que viene de la B o al que está peleando arriba. Los Álamos sabe a qué juega. Y eso, en el fútbol amateur, vale muchísimo.

Hace un año todavía podía discutirse qué techo tenía este equipo. Hoy ya no. Hoy tiene una identidad. Y eso explica sus dos subcampeonatos, su protagonismo y esta capacidad de volver a empezar cada torneo sin necesidad de cambiar quién es. Alguna vez Guardiola dijo que el fútbol es un juego de errores y que quien menos se equivoca suele ganar; Los Álamos supo aprovechar los errores ajenos y, cuando el rival encontró los propios caminos, también supo corregirse.

Del otro lado queda San Marino, y no hay derrota que pueda borrar lo que mostró después del descanso. Porque la remontada del segundo tiempo habla de un equipo que no se entregó. Habla de orgullo. Habla de reacción. Habla de jugadores que entendieron que todavía quedaba partido y que una goleada podía convertirse en una pelea. No alcanzó, pero tampoco fue poco. El regreso a Primera recién empieza y quizás esta primera fecha sirva justamente para eso: para saber qué cosas funcionan, cuáles hay que ajustar y cuánto puede dar este equipo cuando decide dejar de esperar y empezar a jugar.

El fútbol no siempre te explica por qué ganaste o por qué perdiste, pero casi siempre te deja alguna pista. Los Álamos se llevó tres puntos y otra actuación que confirma su identidad. San Marino se llevó una derrota, sí, pero también la certeza de que cuando acelera puede competir.

En Depoencuentros nadie debería irse vacío. Porque acá los resultados quedan escritos, las tablas se actualizan y los tres puntos tienen dueño, pero lo que queda de verdad es otra cosa: el domingo, los amigos, la camiseta, la pelota, el enojo después de un gol en contra, el abrazo cuando termina, esa bronca que dura un rato y esas ganas de volver la semana siguiente para intentarlo otra vez. El Clausura recién empieza. Y la pelota, como siempre, ya volvió a hablar.

Los Alamos

San Marino

5

3

Nro Jugador Goles Pts Nro Jugador Goles Pts
1 Rolon, Matías 8,0 1 Balovich, Ezequiel 7,0
4 Guerra, Lucas 7,0 7 Bilordo, Gonzalo 1 7,0
6 Guerra, Agustín 1 7,5 8 Navarro, Martín 6,0
8 Brugnoli, Ramiro 7,5 9 Baldo, Lautaro 6,0
9 Quaglia, Agustín 1 7,5 10 Barraza, Gonzalo 2 8,0
14 Greene, Tomás 6,5 15 Anfuso, Valentín 6,5
18 Sirolli Alvarez, Lucas 3 9,0 17 Bertoldi, Tobías 6,0
32 Tripodi, Martín 6,0
PROMEDIO: 7,57 PROMEDIO: 6,56
PARTIDO: Bueno ÁRBITRO: Ezequiel
AMONESTADOS: Guerra, L. (Los Alamos) ; Balovich, E.; Navarro, M. (San Marino)

Historial

Cara a cara

Los Alamos Los Alamos
2 Victorias
3 Empates: 0
1 Victorias
San Marino San Marino

Últimos enfrentamientos

Otros resultados de la fecha

CLAUSURA 2026

Primera A - Fecha 1 - 16/08/2026
Los Alamos 5 - 3 San Marino
Parne Kipada 8 - 3 Guerreros Z
Jogo Bonito 3 - 2 Nolimpio
Allax 4 - 5 Ratoes