Las locuras de la B. Nueva temporada.

Todo cambia

La Pandilla escaló tras vencer a Chasca.

La Primera B siguió con un partido de esos que, después de un tiempo, uno puede mirar hacia atrás y preguntarse cómo terminó semejante diferencia entre dos equipos que llegaron a este Clausura con intenciones parecidas. La Pandilla y Chascarrillo son dos contendientes que quieren mirar hacia arriba, pero llegaron a este cruce desde lugares completamente diferentes. La Pandilla venía en una racha que invitaba a pensar en cosas grandes. Chascarrillo, en cambio, venía golpeado, como barco rompehielos que se encuentra con un invierno demasiado largo y todavía no termina de encontrar la manera de salir.

Y esta vez la diferencia fue enorme. 5 a 1 al descanso y un segundo tiempo que casi pareció estar de más, porque el partido ya tenía dueño y solamente faltaba ponerle la firma definitiva. La Pandilla terminó redondeando un 9 a 1 contundente, de esos resultados que duelen, pero que también pueden servir para tocar fondo, mirar alrededor y empezar a reconstruir.

Porque La Pandilla, cuando consigue poner en cancha al 9, al 10, al 2 y al 1 de siempre, es otra cosa. Es un equipo difícil de contener. Alejo Kevin apareció tres veces, Mati Salas aportó dos, Dash Cejas volvió después de una larga lesión y también marcó dos, y hubo tiempo para que Mati Fernández hiciera lo que mejor sabe: jugar tranquilo, distribuir, tocar, hacer circular la pelota y darle sentido a los ataques. Y esta semana, por suerte para el equipo, no hubo problemas de pareja ni de matrimonio, así que Fernández estuvo con la cabeza puesta donde tenía que estar: en la cancha. Y cuando Mati juega así, La Pandilla fluye.

Porque hubo momentos en los que el equipo no solamente fue efectivo, sino también vistoso. Goles bien construidos, movimientos coordinados y esa sensación de que cada jugador sabía dónde iba a aparecer el compañero. La Pandilla encontró espacios y los aprovechó. Cuando recuperaba, aceleraba. Cuando tenía que esperar, esperaba. Y cuando Chascarrillo intentaba salir, aparecía rápidamente el siguiente movimiento.

En el fútbol 6 contra 6 hay una situación que puede ser letal y que La Pandilla explotó varias veces: el dos contra uno sobre el último defensor. Si conseguís poner a dos jugadores contra el último hombre y además tenés al arquero obligado a decidir, la jugada empieza a inclinarse sola. El defensor tiene que elegir, el arquero tiene que leer y, cuando los dos atacantes coordinan bien, generalmente alguno queda libre. La Pandilla encontró esa superioridad repetidamente y de ahí nació buena parte de la avalancha ofensiva.

Chascarrillo no encontró cómo frenarla. Y también hay que entender el contexto. Desde la lesión de Kevin Irigoyen, el equipo perdió a ese jugador que muchas veces funcionaba como el 10 clásico, el que toma la pelota, levanta la cabeza y decide por dónde empieza a construirse la jugada. No es sencillo reemplazar eso. No se trata solamente de poner a otro jugador en esa posición. Hay que encontrar quién toma la manija, quién enlaza las líneas, quién hace que la pelota pase por el lugar correcto y, sobre todo, quién consigue que el equipo tenga pausas cuando las necesita.

Por momentos Chascarrillo tuvo buenas intenciones ofensivas. Seba Sosa y Huertas intentaron hacerse cargo, buscaron generar, trataron de llevar el equipo hacia adelante. Pero el problema más grande estuvo atrás. Y cuando el déficit defensivo aparece contra un equipo que tiene velocidad y asociaciones, la herida se vuelve demasiado grande. Porque podés hacer tres goles y aun así perder. Pero cuando el rival te genera una ocasión detrás de otra porque no conseguís resolver las coberturas, sostener el último hombre o cerrar los caminos hacia el arco, se vuelve casi imposible.

La Pandilla lo entendió rápido. Atacó la espalda, buscó el dos contra uno, movió la pelota y fue acumulando situaciones. Una, dos, tres… y cuando un equipo entra en esa dinámica, cada gol empieza a generar el siguiente. Chascarrillo intentaba salir a flote, pero cada vez que levantaba la cabeza aparecía una nueva ola de ataques.

Y sin embargo, hay algo que no debería perderse de vista. Chascarrillo puede mucho más que esto. Muchísimo más. No hace demasiado tiempo este mismo equipo estaba peleando la Copa Delegno y lo hacía jugando un fútbol de alto vuelo. Tenía circulación, tenía sociedades, tenía una identidad. En este Clausura todavía no apareció esa versión. Y cuando un equipo conoce su propio techo, también sabe que una goleada como esta no puede convertirse en una condena. Tiene que ser una llamada de atención.

Hay una frase muy conocida de Marcelo Bielsa que encaja en estos momentos: “El fracaso es una parte del éxito”. No porque perder sea bueno, sino porque también de estas derrotas se aprende. Chascarrillo tiene que dar vuelta la página, ponerse el equipo al hombro y seguir. Porque las malas rachas no se rompen esperando que terminen. Se rompen jugando, corriendo, corrigiendo y volviendo a intentarlo.

La Pandilla, mientras tanto, empieza a mirar la tabla con otra cara. Semana a semana se está acomodando como candidato. Tiene gol, tiene experiencia, tiene jugadores capaces de desequilibrar y, cuando consigue una buena convocatoria, tiene una estructura que puede complicar a cualquiera. Pero ojo, porque justamente ahí está el recuerdo que no debería borrar. El torneo anterior también llegó un momento en el que La Pandilla dependía de sí misma. Y cuando parecía que todo estaba encaminado, empezaron los problemas de convocatoria, faltaron jugadores, el equipo perdió fuerza y aquella historia terminó poniéndolo peligrosamente cerca del descenso.

Por eso no hay que dormirse. En una liga larga, una buena racha puede hacerte creer que todo está resuelto y una mala convocatoria puede devolverte a la realidad en cuestión de semanas. La Pandilla está volando, sí. Pero todavía tiene que demostrar que puede sostener ese vuelo cuando lleguen los partidos complicados, las ausencias, los domingos en los que no están todos y esos encuentros donde el rival no te deja jugar tan cómodo.

Esta vez, sin embargo, no hubo discusión. La Pandilla fue superior en todos los sectores y terminó transformando un partido que ya estaba definido al descanso en una goleada de esas que quedan marcadas: 9 a 1. Tres de Alejo Kevin. Dos de Mati Salas. Dos de Dash Cejas en su regreso después de una lesión larga. Y un equipo que encontró en Mati Fernández al distribuidor tranquilo que necesitaba para que la pelota circulara y todo fluyera.

Chascarrillo se fue golpeado, pero no vencido. Porque una cosa es perder un partido y otra muy distinta es perder la identidad. Y este equipo todavía tiene tiempo para recuperar la suya. Tiene jugadores, tiene antecedentes y tiene fútbol. Le falta encontrar nuevamente al que tome la pelota y diga por dónde, cuándo y cómo.

Esta vez la pelota cayó del lado de La Pandilla y cayó con estruendo. 9 a 1. Una goleada para celebrar, una derrota para aprender y dos equipos que, por caminos completamente diferentes, todavía tienen mucho por escribir en este Clausura.

La Pandilla

Chascarrillo

9

1

Nro Jugador Goles Pts Nro Jugador Goles Pts
1 Leiva, Joel 7,5 1 Sigot, Francisco 6,5
2 Fernández, Matías 7,5 8 Mujica, Lucas 6,5
8 Ayala, Agustín 1 7,5 11 Huertas, Rodrigo 1 7,0
9 Alejo, Kevin 3 9,0 14 Vázquez, Ignacio 6,5
10 Salas, Matías 2 8,0 22 Schiavello, Santino 6,0
13 Chazarreta, Leonel 1 7,5 23 Cejas, Santiago 6,0
14 Cejas, Imanol 2 8,0 30 Sosa, Sebastián 6,5
22 Huguetti, Tomás 7,0 81 Genovese, Matías 6,0
PROMEDIO: 7,75 PROMEDIO: 6,38
PARTIDO: Rápido ÁRBITRO: Ezequiel
AMONESTADOS: Sosa, S. (Chascarrillo)

Otros resultados de la fecha

CLAUSURA 2026

Primera B - Fecha 3 - 30/08/2026
Cronos FC 6 - 2 Richerdi FC
La Pandilla 9 - 1 Chascarrillo
Asado Group 4 - 4 La Masía